Terremoto en la ducha

July 2'nd 2014 09:45:59 pm

Habían pasado 5 minutos dentro del cuarto de baño, se respiraba una atmósfera húmeda y caliente de vapor con aroma a jabón y champú.

 Se acababa de poner el champú en el cabello y lo dejaba actuar según las indicaciones inscritas en el reverso del envase. Con los ojos cerrados, se frotaba la axila con la esponja cuando sintió el primer tremor. Creyó que era un mareo. Una segunda sacudidá le hizo perder estabilidad y caer de rodillas, asegurándole que era un terremoto. Abrió los ojos y unas gotas de agua jabonosa le escurrieron a los ojos. Comenzó un ardor intenso y cegador. Era, indudablemente, el peor escenario que se le podía ocurrir para estar durante un terremoto.

Tentando a ciegas para agarrarse de algo, jaló la rejilla que contenía los implementos de ducha. Escuchó caer el cepillo para la espalda, el champú, acondicionador y luego el jabón, que efectuó una frenética danza en el reducido espacio para chocar finalmente con su rodilla y deslizarze hacia la coladera, tapándola parcialmente. Sentía encima el chorro de la regadera, agitándose a los lados, bañándole en zigzag la cabeza y los hombros con un agua que, en ese momento, juzgó quemante. Escuchó la taza con su cepillo dental estrellarse contra el suelo y pudo diferenciar entre el sonido de la cerámica esparciéndose y el sordo sonido del cepillo plástico.

Hizo mentalmente un croquis de lo que le esperaba en el camino, las cosas que había escuchado caer en el baño, las que estorbarían su camino en la recámara; imaginó aquél retrato sobre la cómoda, estrellado en el piso, junto a los cosméticos y botellas de perfume unas rotas y otras no. Imaginó la escoba tirada a la mitad de la sala obstruyéndole el paso.

Abría los ojos rápida y esporádicamente para sacar una instantánea que le sirviera de referencia para encontrar su camino hasta un lugar seguro. Un crujido que adivinó en el azulejo del baño le hizo consciente de lo inminente de su escape. Se incorporó y parpadeó varias veces para referenciarse del camino. Tomó su bata y como pudo se la envolvió encima para cubrir su desnudéz. Le tomó por sorpresa el escalón de salida del baño. A ciegas sorteó con buena fortuna el imaginado caos de cosméticos y perfumes frente a la cómoda.  El ardor en los ojos era insoportable, o al menos eso le parecía en el momento en que su cabeza chocó contra el marco de la puerta que comunicaba la habitación con la sala y quedó inconsciente.

Al volvér en sí estaba de espaldas con los pies frente a la puerta abierta que daba a la sala. Le sorprendió que todo en la habitación estaba tal como lo había dejado antes de entrar a bañarse; lo mismo pudo constatar con lo que alcanzó a ver de la sala y el resto del departamento. Escuchó la regadera, que seguía abierta, y se dirigió al baño. Del escalón escurría una pequeña cascada que moría silenciosamente en la alfombra, haciendo crecer lentamente una mancha de humedad. Al entrar, lo primero que vió fue la taza del cepillo hecha pedazos en el piso. Luego miró el espejo frente al lavabo, estaba ladeado y roto de la esquina, su reflejo le reveló que de alguna manera había metido la cabeza en la manga de su bata, había amarrado el cordón a su cintura dejando al descubierto su seno y su pierna, todo su costado izquierdo. Sus ojos estaban dramáticamente rojos, su cabello era un desastre con restos de espuma. No pudo más que llorar con risa en una mezcla entre desconcierto, asombro y gratitud de estar viva. El terremoto sólamente había ocurrido en su baño.


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