Tumbas

March 25'th 2015 11:10:37 pm

Me gusta recorrer de noche el cementerio.
Serpenteando lentamente entre lápidas y tumbas, esas construcciones que se yerguen desesperadas con la última intención de no caer en el olvido, implorando la misericordiosa limosna de una oración que les evoque.

Hay tumbas recientes, adornadas con flores arrancadas a fuerza de tristeza y de vacío, o de hipócritas fingidas intenciones.
Las tumbas viejas yacen sumisas y resignadas. Cubiertas de polvo y de hojarasca, esperan que el tiempo las vaya erosionando a lamidas, lenta e imperceptiblemente, llevándolas al estado primordial de la creación del hombre: el polvo.

Un balde seco que se desmorona de óxido contiene las varas de lo que alguna vez fueron flores. Un ángel convertido en roca no pudo volar al cielo con los otros, tiene las alas rotas y junta sus manos en una plegaria con gesto de arrepentimiento y de súplica. No será escuchado. Está condenado a morar para siempre entre vivos y muertos, sin el frenético vaivén de los unos, ni la silente conclusión de los otros.

Amontonadas y heladas tumbas. Construcciones inútiles y surreales todas ellas, de diversos materiales y diseños.  Vitrinas con imágenes de cristos, vírgenes y santos; y del paciente difunto, que aguarda quieto y callado mientras los gusanos y otros bichos hacen festín entre sus restos.
Me gusta pensar en ellos, los muertos, indiferentes, sin mayor utilidad que la de terminar de fermentar hasta reintegrarse por completo al suelo, sin dejar rastro de haber sido.
Ya muerto nada importa, no importa el mejor traje de lino, ni aquellos anillos amputados por algún temerario y menesteroso profanador, no importa el ajustado claustro que les contiene y los convierte en masas gelatinosas y hediondas, no importan los planes, ni los triunfos, ni los deudos; porque las tumbas no son para los muertos como se suele pensar, las tumbas son para los vivos. En ellas se encarcela a los muertos para tenerles ahí mientras se pueda, para que la tierra no los devore tan pronto, para que no se escapen los recuerdos, para que ahí vivan la ausencia, la amargura y la tristeza; y lágrimas e injurias puedan almacenarse todas en un sitio.


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