Every day is the first day of the rest of your life

February 6'th 2011 12:54:23 pm

Noticia de último momento, ¡El blog de Batgirl fue mancillado!

¡Alguien escribió una entrada sin permiso!

A quien corresponda

February 3'rd 2011 08:47:05 pm

A quien corresponda:

    Antes que nada te pido una disculpa por quitarte tu tiempo, no te preocupes, seré breve; sólo quiero contarte la historia de mi vida.

    Nací en una buena familia, padre trabajador, madre devota y cada año, auto nuevo; de cualquier forma en la que nos vieran, éramos la familia perfecta. El problema era lo que no veían.

    Aún puedo oler su colonia barata, como todo lo que usaba conmigo; aún puedo sentir su sudor, goteando sobre mi pecho, sus golpes, lloviendo sobre mi cuerpo y su mano, apretando mis muñecas contra la cama; aún puedo ver la silueta de mi madre llorando borracha en un rincón del cuarto, debajo de un cristo crucificado. Después de veinte años eso es lo que vivo cuando cierro los ojos.

    A los doce años huí de casa, no tenía a dónde, no tenía con quién ir. Pasaba las noches durmiendo debajo de un puente y los días pidiendo limosna, a los dieciséis años lo vi por primera vez: golpeado, ensangrentado y tirado en medio de la banqueta; no me importó, continué sacando la cartera de una persona cualquiera.

    Cuando vives tu juventud en la calle aprendes nuevos trucos cada día, siempre hay una manera nueva de robar un reloj o alguna cartera, cada vez más secretamente que la anterior. Sin embargo, el siempre me observaba, juzgándome por no haberlo ayudado, invariablemente a distancia suficiente para huir si me le acercaba.

    Al cumplir veintidós años me harté de vivir en la calle. Decidí rentar, con el fruto de mi trabajo, un pequeño departamento. Era perfecto, aunque en esa zona humilde no podía encontrar trabajo, a menos de un kilómetro estaba una de las áreas más concurridas por su centro comercial, y lo mejor, el ya no me observaba, finalmente le perdí la pista.

    Todas las noches, cuando regresaba a mi casa, me acostaba en mi colchón y cerraba los ojos, recordando cada detalle de mi vida anterior, de mi vida con otras personas; hasta que por fin, el sueño me alcanzaba.

    No te sorprenderá saber que soy una persona solitaria, quizá lo adivinaste por esta carta sin destinatario, nadie quiere estar cerca de alguien como yo y, a decir verdad, no me interesa estar con alguien.

    El año pasado, mientras despojaba a un ejecutivo de sus pertenencias, lo vi de nuevo, caminando del otro lado de la acera, sin inmutarse de mi presencia, traté de no pensar en el, traté de seguir trabajando, pero no pude, estaba poseído por algo ajeno a mi. sentí nauseas; dejé el reloj y los anillos en el cadáver, y me fui, tambaleando a casa.

    Al día siguiente no quise salir, no podía dejar de pensar en el, había vivido diecinueve años en soledad, no sabía vivir de otra manera, no quería vivir de otra manera. No obstante su imagen me llamaba, igual a la primera vez que lo vi. No pude más y caminé a la misma esquina donde lo había visto la noche anterior.

    Esperé sentado en la banqueta... Desfilaban carteras frente a mi, relojes, bolsas, anillos, collares, y no llamaban mi atención, fija en la acera donde lo había visto, esperé... Se puso el sol,  esperé... cesó el desfile, esperé...

Esperé sin cerrar los ojos hasta que clareó la mañana, y algunas horas mas, no volví a mi hasta que vi pasar la primera bolsa de la mañana, de nuevo me sentía yo, cuidadosamente la aceché... cuando el momento era perfecto, me abalancé cual hiena sobre la primer gacela del año y justo detrás de su cara paralizada de miedo... lo vi, alejándose calle arriba.

    Dejé a la gacela, gritando por su vida, y lo seguí hasta su casa, entró dejando las puertas abiertas, titubeé un momento antes de seguirlo, fue suficiente, dentro, había una multitud de gente, no pude encontrarlo entre todos ellos. Sus invitados cantaban y hablaban acerca de el, siempre palabras de agradecimiento, siempre con amor en la voz.

    Salí decepcionado de ese lugar, con la cabeza llena de las historias que había escuchado, solo quería ir a casa, reconocí su voz, aunque no la había escuchado antes; me llamaba, no pude resistirlo y fui a su encuentro, le pregunté su nombre: “Jesus”, me contestó. Me dijo que me amaba, que a pesar de todo lo que me había visto hacer, me amaba. En sus ojos sólo veía cariño, en su voz dulce, sólo escuchaba compasión, me dijo que había esperado largo tiempo para que lo siguiera, y estaba feliz, porque al fin lo había hecho.

    Mi vida cambió a partir de ese día, dejé mi trabajo y pasaba mis días platicando con el, me daba consejos de vida, me hablaba de su padre y de un lugar maravilloso al que un día iríamos juntos, me decía que no le importaba lo que hubiera hecho antes de conocerlo, yo le creí, me enamoré de el.

    Cada semana que pasamos juntos me enamoro más, cada semana que pasamos juntos me impaciento más, yo quiero irme con el, pero me responde que aún no es tiempo, siempre confié en el, siempre le creí... Ya no puedo más.

    Ya no soporto este lugar lleno de sufrimiento, ya no soporto ese olor a colonia barata cuando cierro los ojos, me voy al lugar prometido, el puede alcanzarme luego.

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