Prometeo

January 11'th 2014 11:53:25 pm

Prometeo sufre diariamente su tormento, el mismo tormento; encadenado, devorado, inmortal. Su sangre escurre roca abajo y se despeña como una espesa cascada escarlata en un paisaje en miniatura que se alimenta de sangre, la sangre de todos los días. Se arrepiente, a veces, de haber acomodado tanto a unos seres tan ingratos. Pero, ¿cómo no amar a un hijo?.

Prometeo hizo trampa para traernos la comida y dió huesos a los dioses y carne a los hombres. La carne, la semilla, el hierro, la salud, el fuego. Todo le dió Prometeo al hombre: desnudo, hambriento, temeroso, desvalido ante todas las otras bestias. Pero esta bestia indefensa se volvió loca de comodidad, tanto que se mató a fuego y hierro entre sí para obtener un poco más, siempre es sólo un poco más. Un poco más es lo que rompe el saco. Desgarró, envenenó y drenó la tierra para tener siempre y poder haraganear y desperdiciar. Se enguyó toda la carne que pudo y sólamente arrojó los huesos a los perros. Cambió la salud por la medicina, que alivia el dolor y el dolor es necesario en el camino a la salud, que es la pureza de espíritu. Olvidó a Prometeo.

Prometeo hizo trampa para traernos el fuego. Y no es por el fuego por lo que fue castigado, sino por tramposo, por obtenerlo para nosotros de mala manera; por desafiar a Zeus y los otros dioses, por dar algo valioso a quien no lo merece porque no lo ha cultivado a fuerza de sufrimiento y experiencia. Y nosotros, sufrimos el castigo de su trampa, de su fuego malhabido: nuestra insaciable comodidad, que atenta contra la especie, y cumple el designio destructor de Zeus.

Prometeo fue liberado de su tormento. Pero el hombre sigue encadenado al enorme monolito de su comodidad, que lo devora, lentamente, diariamente. Prometeo sufre ahora de culpa. El tormento de Prometeo no acaba, y sufro yo, cuando me acuerdo...



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