360 parte 1: El cumpleaños de Claudia

May 17'th 2009 01:02:00 pm

-¿Eres feliz?

-¿Qué? -Preguntó Rodrigo prestando más atención a la Glock brillando frente a su cara, que al enmascarado que le hacía la pregunta - Creo que es una G21, si, calibre .45, automática - pensó.

- Te pregunté: ¿eres feliz?

Rodrigo regresó de sus cavilaciones, no esperaba esa pregunta, mucho menos desconocer la respuesta. Hace algunos meses habría contestado, convencido, sin titubear y con un tono de falsa modestia "Por supuesto que soy feliz, ¿acaso tu no?" pero hoy no, muchas cosas han cambiado en poco tiempo. Regresemos un poco (tres meses y un día exactamente) para tratar de responder esa pregunta.

Son las seis de la mañana y Rodrigo siente una, casi olvidada, vibración en su muñeca izquierda, decide ignorarla y seguir durmiendo, después de todo, falta una hora para el tiempo designado, por su meticulosa rutina, para despertar. Pasan cinco minutos y su reloj de pulsera vibra más fuerte; en ese momento lo recuerda todo, esa alarma sólo se activa anualmente, el segundo día más importante del año, 14 de marzo, cumpleaños de su amada Claudia.

Sigilosamente sale de la cama para no despertarla, desliza sus pies en las pantuflas y baja los tres pisos que lo separan de la cocina - El sonido del elevador podría despertarla - piensa Rodrigo; en realidad ese es uno de los tantos puntos cuidadosamente planeados y perfeccionados durante siete años de matrimonio, recuerda riendo (a bajo volumen, por supuesto), el primero; arruinado antes de que empezara, por el despertador que también la despertó a ella; ese mismo día, regresando del trabajo compró su reloj de pulsera con alarma vibratoria.

De regreso en la habitación, Rodrigo se sienta en el diván, observando a Claudia dormir y a los minutos de su Radio Reloj caer lentamente. -Es tiempo de despertar Claudia - murmura, con voz dulce al oído de su amada, antes de morder juguetonamente su oreja, cuando el número 44 da paso al 45.

Claudia despierta, con una sonrisa de oreja a oreja, puesto que sólo un día al año Rodrigo la despierta así, mira emocionada a su alrededor, buscando una gran sorpresa, pero no encuentra más que una charola con su desayuno preferido (Omelette de setas y queso azul acompañado por pan de ajo untado con mantequilla y caviar de beluga), dos copas, una botella de champagne, jugo de naranja y una delgada cadena de platino. Lejos de decepcionarse por éste sencillo inicio de su cumpleaños Claudia se emocionó.

Desde hace siete años Rodrigo y ella han tenido una callada competencia: Rodrigo planea algo espectacular para su cumpleaños y ella tiene tres meses exactamente para mejorarlo en el cumpleaños de el.

Claudia fingió no notar la sonrisa divertida de su esposo al verla mirar emocionada alrededor, sonrió, tratando de fingir que no sabía que la esperaba una sorpresa más grande, besó a Rodrigo y ambos desayunaron en la cama. Al terminar el desayuno se desnudó, seduciendo a Rodrigo con su atlético cuerpo, vistió su cuello con la nueva cadenita de platino y entró a la regadera; dos minutos después, se le unió Rodrigo, quien puso sus manos en la cadera de ella y lentamente las subió, acariciándola hasta llegar a su cuello, la desnudó de la cadenita, su única prenda, y le insertó un dije de perla negra en forma de lágrima, que había escondido en la jabonera, Claudia sonrió cuando le volvió a colocar la cadena - Ahora si va hacia algún lado - pensó.

Cuarenta y cinco minutos después Rodrigo arrancaba su Jaguar y se dirigía hacia las oficinas del prestigiado banco en donde trabajaba.

Saludó cordialmente a Jorge, el vigilante, y llamó a su elevador, ya en el piso 23 saludó a su tentadora secretaria, puso agua en la maceta, que parecía no poder mantener nada vivo por más de dos semanas y caminó a su escritorio para trabajar como todos los días. Después de diez minutos Jennifer, su secretaria, entró llevando su café espresso y sus recados.

Un objeto en la charola de los recados captó la atención de Rodrigo: un pequeño diamante acompañado de una nota. Rodrigo intuyó inmediatamente el significado de eso. Uno de sus 35 invitados (no le importaba quién) no podría acudir a la fiesta de cumpleaños de su esposa; 35 años, 35 invitados, 35 diamantes; ¡no podía faltar uno!

-No hay una sola persona en mi agenda a quien le pueda hacer una invitación con 8 horas de anticipación - se dijo a si mismo cuando su secretaria le anunció una visita, Vicente Rivera, el nombre le parecía remotamente familiar y mandó que lo pasaran a la antesala de su oficina.

-¡Gordo! - gritó riendo Vicente al ver entrar a Rodrigo - parece que ese apodo ya no te queda, alguien ha aprovechado el gimnasio de la empresa, ¿verdad?

Rodrigo reconoció inmediatamente a Vicente, un viejo y extraño amigo de la juventud.

-¡Chente! - respondió, riendo también, mientras le extendía la mano para saludarlo - Eres la única persona que se puede ver desarreglado vistiendo un traje de más de cuatro ceros.

Vicente rechazando la mano que le ofrecía Rodrigo lo abrazó efusivamente, como solían hacerlo en los viejos tiempos; para Rodrigo eso fue toda una experiencia, no sabía que era eso, pero estaba seguro de lo que no era: un abrazo, esos los conoce bien; un apretón de manos, pasar un brazo por encima del hombro, el otro por debajo, dos palmadas amigables, otro apretón de manos y arreglar el traje que se desacomodó. Ésto, sin embargo, tenía una calidez propia, carecía de formalidad, de frivolidad, no era sólo un abrazo, la sensación le recordó todos los momentos que habían pasado en la juventud.

-¿A quién le importa el precio de un traje Gordo? - dijo Vicente después de ese largo abrazo - Sólo uso lo que los payasos de arriba dicen que tengo que usar - Comenzó a reír - ¡Aunque al parecer tu eres uno de ésos payasos!

Estuvieron hablando largo rato, Vicente le contó que, desde hace un par de meses, trabaja cinco pisos más abajo que el, en el área de diseño, que notó su nombre mientras revisaba unos Brochures que su área terminó la noche anterior e inmediatamente subió a investigar cómo había sobrevivido en los últimos 8 años.

Cuando llegó el momento de intercambiar datos personales Rodrigo sintió el diamante en su bolsillo, y sin pensarlo dos veces invitó a Vicente a la fiesta de ésa noche.

-Claro -contestó Vicente- pero la próxima semana haremos lo que yo escoja.

-Es un trato.


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