El hilo negro

March 22'nd 2014 03:42:52 pm

(o Hermanos como Manos)

Tengo miedo que sólo entiendas de lo que hablo cuando muera. Que todo lo que podríamos hacer como hermanos, no sea. Me da pavor pensar, y ya el hecho de pensar es bastante pavoroso, que sólo aprecie yo la perfección, porque no hay palabra más adecuada, de lo que es el mundo. Espero que no escuches lo que te quiero decir hasta que yo haya muerto ya, espero que sea antes, para escuchar lo que tienes qué decir al respecto.

Me gustaría que pudieses disfrutar la perfección de esta noche. De esta precisa noche de equinoccio en Tajín, con un cerro resplandeciente hacia el oriente. Esta precisa noche de concierto de la mejor banda del mundo y su historia: Tool. Ésos tipos saben lo que hacen. Es la matemática llevada al corazón, a la música, que no es sino el ritmo del latido que es la humanidad.

Me da miedo que no veas, hermano, las luciérnagas hermosas que resplandecen para ti, mientras te preocupas de no agarrar garrapatas del pasto sobre el que estamos, o te preocupas por alejar los bichos "molestos" que nos rondan. Son pura distracción de lo que realmente vale en esta vida, puro atarante para entretener. Temo que tú no aprecies que esta noche lo tuviste todo, hermano. Que estas tres de la madrugada se te pasen como cualquier madrugada, y que no sean las espléndidas 3 de la mañana de equinoccio, con tu hermano, bajo un árbol, que son en realidad.

Hoy me aventé un "solo de huevos" en tu honor. ¿Cómo es eso? Fácil: hoy, en el concierto de Tool, me di el hasta ahora desconocido permiso de Ser. De disfrutarlo todo y a todos.

Hoy entiendo por qué los Ancestros vieron en este lugar algo especial. Lo sé porque yo mismo lo veo ahora, mientras escucho mi pieza favorita en el mundo, un brevísimo mas no por ello insignificante Intermezzo de Manuel M. Ponce, un brevísimo e insignificante mexicano que hizo conmover al mundo con  una envidiable comprensión musical.

La tecnología con que redacto ésto (un teléfono celular), es nomás un remedo de lo que aspiramos a hacer como hombres finitos que somos. Esa ciencia y esa tecnología es solo un reflejo que nos queda de querer ser eternos. Hoy descubrí el hilo negro, la verdad suprema sobre la vida. Estamos aquí y hacemos todo lo que hacemos porque somos creadores. Creamos mundos nomás de imaginarlos, y el intento de llevarlos a algo material es lo que conocemos como tecnología o ciencia o arte.

Hoy lloré y sudé la última gota de mi enfermedad. Viví mi vida, nuestra vida, hermano, al máximo durante todo ese concierto. Diría que ya me puedo morir tranquilo, pero ¿para qué quiero yo morir ahora, que tengo salud y que sé lo que es la vida? ¿Para qué carajo me he de morir si hoy puedo, más bien, comenzar a vivir. Y este texto, que te regalo, hermano, es prueba de ello. Es con lo que sello este inicio y en adelante, todo lo que haga hermano, es para tí, es tuyo, pues. Haz lo que quieras de mi obra pero siéntela, porque te la regalo; no la quiero para mí, este cuerpo un día lo han de comer los gusanos y lo que vale realmente es lo que uno deja, lo que uno siembra. Y lo que uno siembra son palabras, palabras que arborescen, mundos, ideas que se siembran en la incierta fertilidad del pensamiento "ajeno". Nada humano es ajeno a nadie ni a nada, todo es de la humanidad, de la que corre, na la que ya corrió, no la que a penas aprende a caminar, sino la que es, que somos ahora. Somos la mano y mando del mundo nosotros los jóvenes, porque somos los que tienen el saber y el poder, ambos medio "como sea" pero ahí los tenemos, y hemos de hacer del Mundo lo que nos dé la Real Gana, no lo que otros comenzaron o esperan de nosotros, sino lo que queramo, lo que decidamos y hagamos ocurrir, no lo que la inercia quiere.

Muy a mi modo, hermano, pero te amo. Nos amo, al Tú y al Yo. Pero sabes, sabemos pues, que el Yo es lo que realmente importa en la vida. Porque sin el Yo, no podría apreciar al Tú, que eres. Sin el Yo, pues no sería yo nada, ni siquiera sería. Así fue como, en un descuido histórico, el Yo se volvió más importante que el Tú, y ahí fue donde todo valió madre, porque al Yo sobre el Tú, se le llama egoísmo y por ahí no va la cosa.

Los hermanos son, somos, como las manos. La derecha construye con maestría lo que la izquierda torpemente destruye con tal facilidad, que la derecha, con toda su sapiencia, no habría atinado a destruir tan bien. Liberándola, a la derecha, de la interminable y fatigosa tarea de hacer o bien, dándole motivo para rehacer, para rectificar, y una rectificación es siempre más correcta y mejor en todo aspecto. Es la oportunidad de hacer bien las cosas o bien el reconsiderar si se han de hacer o de plano no.

La izquierda es negativa, no porque sea mala, sino por que es su papel serlo. La derecha es positiva y su papel es el de dar. El de la izquierda, en cambio, es el de recibir, y vaya que saber recibir es toda una tarea y un arte, tal como lo es el dar.

Es menester de la izquierda entonces, curar, tomar lo malo; tal como a la derecha le corresponde dar el resto de la curación, cubrir, sobar o lavar. Aunque la izquierda sabe muy bien como sobar a una diestra herida en la ejecución de su hacer. La izquierda espera paciente la llegada de la maltrecha derecha buscando consuelo.

La izquierda es lo irracional, lo ideático, lo femenino, lo soñador, lo sutil, lo maternal, lo etéreo, lo intangible; es lo musical, lo sentimental, el silencio, lo imaginario, lo emocional, el presagio, el misterio, el milagro, la magia, lo inesperado, lo abstracto y lo que no es, por ello su cualidad negativa.

La derecha, en cambio, es lo masculino, el movimiento, la precisión. Es lo paternal, lo protector, el ataque, la estrategia, la matemática y todo lo exacto, la búsqueda, el hecho, el conocimiento, el saber, la acción.

En resumen, ambas son complementarias, se necesitan y se buscan una a la otra para hacer y deshacer. Se aman una a la otra a pesar de sus profundas diferencias y han de conciliar, si es que buscan llevar a buen cabo las cosas.

Las manos se gestan unidas, palma contra palma, de ahí su simetría análoga. Su unión palma con palma es poderosa, hermética e invencible, por ello es que se unen para orar, para dirigirse de nuevo y humildemente al Creador del Todo y de la Nada, que a su vez no es sino el Amor, y el Amor es a su vez esa locura que concilia lo irreconciliable, que cura lo incurable, que crea lo imposible. La vida, la humanidad, es algo improbable e increíble pero producto, a fin de cuentas, del Amor. El Amor es la energía que resulta entre lo que es y lo que no es, entre el bien y el mal, entre noche y día, entre el fuego y el agua, entre la luz y la tiniebla, entre lo sublime y lo reptante, y para acabar pronto, de todo lo que es antagónico. Éso es el Amor, algo imposible hecho verdad. El Dios que toda religión adora no es otra cosa sino Amor. Y los hermanos se aman. Son dos extraños que no tienen nada en común sino el profundo e inexplicable deber de amarse. Y si no hay un hermano de sangre o si las funciones de éste no son cumplidas, es menester natural entonces, encontrar quien sí las cubra, porque se ha de efectuar este mágico antagonismo que produce lo imposible, Por esa búsqueda se crean los amigos, que no son sino los hermanos que uno se elige. Dos extraños tan distantes y tan distintos que se aman. Dos hermanos, como manos. A tí, hermano de sangre o hermano elegido, o aún hermano desconocido te digo sinceramente: Te Amo y Gracias.

Papantla, Ver. México 22 de marzo, 2014.


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