Corbata

September 16'th 2010 10:32:42 am

Sale de la ducha refrescado y listo para comenzar otro día exitoso. Posa un momento para el espejo. Se sube a su banquillo y se cuelga de la barra de dominadas. Hace 30. Posa para el espejo una vez más.

Dándo los últimos rocíos de Routine en su cuello, abrocha los botones de su camisa blanca hasta llegar al último para ponerse su corbata; es un diseño innovador por supuesto, como todo un lider ejecutivo debe imponer siempre la moda, arriesgándose incluso a dar pasos importantes para llegar a ese fin y hoy está dispuesto a tomar el riesgo estrenando un diseño de su propia autoría.

Sale de su chalet tipo suizo en el auto recién comprado, un Prétentieux de lujo con tablero y detalles en ébano, asientos de piel de ternera, frenos ABS, doble tracción, sonido 5.1 y bolsas de aire.

Llega al edificio de su compañía, el hombre encargado de la pluma del estacionamiento lo saluda sonriente pero hay algo en su mirada que no se aparta de su nueva corbata. Está impactado, lo sabe.
Pasa por el lobby, saluda con una sonrisa a la jóven y bella recepcionista que siempre le coquetea. Siempre excepto ahora; está demasiado impresionada por la novedosa corbata que porta en esta ocasión.

Sube al elevador, el operador no sabe si voltear a los botones para elegir un piso y alterna su mirada asombrada entre la cara y la corbata. Finalmente logra regresar de su trance y completa su trabajo, olvidando decir buenos días; en otra ocasión lo habría mandado despedir por una falta tan grave a su persona, pero ese día estaba de buen humor y decidió ignorarla. De cualquier modo, el hombre sufrió una fuerte conmoción y hay que ser comprensivo.

Camina por los pasillos rumbo a su oficina, sonriente y agitando la mano como modelo en pasarela; sintiendo el aromático vaho de las miradas mezcla envidia, mezcla fascinación, sin mirar directamente a nadie. No son dignos.

Entra a su oficina, dejando tras la puerta el bullicio de las castas laborales inferiores. Revisa desenfadado la correspondencia... invitaciones, propaganda, propuestas de negocios y mediocres revistas rivales. Nada de interés.

Sonríe mientras mira el último número de su revista: FauxFaçade, recién impreso, en una bolsa de celofán sellada, con olor a nuevo y cada página con un delicado esmalte mate, listo para arruinarse ante los primeros dedos que lo tocasen. Los suyos. Rasga con menosprecio el celofán y la hojea sabiendo de antemano cada palabra y cada imágen publicadas, pero por el puro gusto de verla y palparla como objeto físico.

Su secretaria solicita permiso para pasar a dejarle un mensaje personal. El mensaje está escrito con lápiz labial carmesí en una servilleta y lee "Tu corbata es ridícula, ólvida la cena, ólvida cualquier posiblilidad". Él sabe de quién se trata, es ella y si ella piensa que la corbata es ridícula, lo es. No puede ser, todo mundo estaba encantado con la corbata, faltó poco para que le aplaudiesen como a un orador persuasivo. ¡Ésa perra! Toma furioso el reloj de escritorio y lo arroja contra el cuadro de su abuelo, maldice su extravagancia heredada. Sale al pasillo tratando de fingir que nada pasa pero los ojos inyectados y la vena palpitante enmedio de su frente lo delatan, escucha risas y busca inquisidor con la mirada, ¿es su corbata? ¡¿Es mi corbata?! Nadie responde, no está seguro si es que lo preguntó o lo pensó, se siente estúpido por primera vez en su vida. Se dirige al elevador, presiona una... dos... tres... muchas veces el boton para llamarlo. Maldita sea, ¡¿tarda siempre tanto?!. Se escuchan más risas sin dueño que sólamente le crispan los nervios aún más. No está dispuesto a hacer una escena ahí frente a todos los empleados insignificantes así que opta por la escalera. Aunque sean muchos pisos. Llega al sótano con notoria agitación. Busca en su bolsillo las llaves del Prétentieux, que resbalan de su mano justo frente al vehículo, justo frente al intendente del estacionamiento quien lo mira atónito. ¿Mira el sudor?, ¿mira la corbata?, ¿mira la palpitación involuntaria en su párpado inferior?... ¡¿Qué miras imbécil?! Esta vez está seguro que lo gritó porque el eco resuena en todo el sótano. El subalterno agacha la cabeza y sale huyendo de la escena, temiendo por su empleo.

Sube al auto. Lo enciende. Se escucha el 5.1 a un volúmen molesto. Una música incómodamente inapropiada para el momento. Golpea el volante y le irrita el dolor que su propia ira le infringe a la blandura de su ser.
Su cuerpo maneja automático rumbo a su casa mientras su cabeza divaga entre la humillación y el rechazo. Una soga es algo original, es algo conceptual pero ellos no entienden, son estúpidos... o ¿soy estúpido yo?...

Al llegar a casa se sirve un trago de brandy fino y se echa en el sillón del abuelo. El olor excéntrico del abuelo trae de vuelta y potenciados todos los motivos de su furia, se levanta y se mira al espejo. ¡La corbata es una estúpida soga! ¡¿en qué estaba pensando?!. Arroja el vaso en un errado disparo con intención de quebrar el espejo.

Voltea hacia arriba e, iluminado en un salvaje arrebato, sube a su banquillo y se cuelga de su barra de dominadas...


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