Ser

February 22'nd 2016 09:22:03 am

Sentado al pie de un árbol. Solo. Con la espalda bien erguida y la mirada serena.
Contempló una última vez el hermoso y apacible paisaje que se presentaba frente a él. Una última vez antes de cerrar los ojos para introducirse en la más profunda meditación, la más profunda y misteriosa de todas. Sabía que era la última vez que miraba aquel paisaje, al menos de esa forma. Dijo adiós y sonrió levemente. Juntó las manos frente a su pecho.
Cerró los ojos. Armonizó su respiración con la gran respiración universal. Cantó tres largos Aum en la vibración común de todas las cosas.
Inmediatamente entró en un profundo trance. Primero, obscuridad y silencio totales. Luego de un lapso incalculable sintió que se comprimía, que su piel se transformaba en piedra, que su piel y sus músculos se tensaban al máximo, que sus huesos pesaban más, que se compactaba dentro de sí mismo hasta que se convirtió en un brillante hilo de luz blanca que ascendía lentamente desde el hueso sacro hasta la coronilla, pasando por los siete puntos, acumulando y comprendiendo en cada uno de ellos todas las experiencias vividas en ese cuerpo. Su última sensación física fue la de estar atravesando largamente su cráneo hasta salir a la superficie.
Entonces pudo contemplar el paisaje, el mismo que miró antes de cerrar los ojos: la selva verde y hermosa, nunca más verde y más hermosa, y justo debajo yacía inmóvil un humano sentado con las palmas juntas frente al pecho y los ojos cerrados, comprendió que su verdadero nombre era Soy. Y aquél que yacía sentado bajo la ceiba, era simplemente un Yo. Lo contempló largamente y se sintió dichoso y agradecido de haber sido alojado en ese Yo y de ahora estar liberado y por fin Ser. Solo Ser.
El Ser ascendió con una perspectiva de todo lo que dejaba a su paso; el mundo hermoso, como una joya viva de distintos colores. Supo y comprendió todo lo humano y el por qué de la vida. Veía todo lo que tenía por delante, la obscuridad del espacio. Sabiendo por completo hacia dónde se dirigía, sin dudas ni miedos. Se dirigía al núcleo de Todo. Primero viajó hasta el Sol donde sintió todos los placeres de la vida, todo el amor y toda la dicha, la fuerza, la vitalidad, se llenó de luz y de gozo, y comprendió todo el sistema. Así pasó por todos los soles de la galaxia y los del universo, en un espiral ascendente, infinito y eterno en el que se sentía crecer más, brillar más, saber más y Ser más.
Hasta que llegó al último inmenso Sol del Universo, el que guía el espiral de todas las galaxias a través de la eterna oscuridad que le rodea. Y se hizo uno con el Sol Central del Universo; inmenso y todopoderoso y todoamoroso. Pudo entonces detenerse una eternidad en la punta de la espiral y contemplar bajo Sí, toda la creación, la perfecta creación en balance, la sublime danza de la vida y de la muerte, todo a máximo detalle, confluyendo, con todo el conocimiento de todas las cosas simultáneamente, comprendiendo que Todo Es Ser. Excepto lo que No.
Pero de pronto hubo una duda: ¿quién Soy? Entonces sintió que algo más grande Le contenía porque Nada es más grande que el Ser. Y dejó de percibir el espiral del Universo que Es y se concentró en el centro, que era todo negro y vacío. Y sintió en Sí un inmenso tamaño, todo el peso que había acumulado indudablemente lo jalaba hacia abajo, a caer en el vacío que contiene a Todo. Se dejó caer. Arrastrando tras de Sí todo el espiral del Universo que Era.

Todo obscureció.

Nada tuvo sentido.

El vacío, la incertidumbre, el miedo, el dolor, la desolación, la tristeza, la ira, el odio y la muerte comenzaron a destruirlo, reduciendo rápidamente la masa de luz que Fue. Caía imparable al vacío y tuvo miedo de dejar de Ser. Su luz se fué diluyendo toda entre la omnisciente obscuridad. Hizo un enorme esfuerzo por concentrarse, por concentrar todo el Ser, todo el conocimiento del Ser y todo el Amor del Ser; y se convirtió de nuevo en un hilo que, aunque menos rápido, seguía degradándose al caer.
Su miedo se comenzó a transformar en fervor, en genuinas ganas de Ser, aunque el vacío le tragase para siempre, quería Ser, estaba seguro de ello. Se comprimió en una sóla partícula de luz concentrada toda en la idea de Ser.                 Sí.
...Y tocó por fin el fondo del vacío.
Un silencio eterno en el fondo del vacío.
No cupo otra cosa en la partícula de luz que la intención pura, fija y única de Ser.
Así, a oscuras y en silencio, alojado una eternidad en el vientre maternal de la Nada. Concentrado Todo en Sí.
Y dentro del silencio y obscuridad absoluta de la Nada, surgió algo como un grito: "¡Sea la Luz!"
Y hubo un Gran Estallido.

Abrió los ojos y miró sus manos aún juntas frente a su pecho, gozó cada palpitación de su corazón, gozó su respiración, llenándole de vida que fluía gloriosa en su interior, y la verdadera belleza de la selva frente a Sí, y lloró largamente de gratitud.


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